martes, 5 de marzo de 2019

"Heritage Ville". Capítulo 1

Por fin, por fin había salido de aquel maldito manicomio donde nunca tuve que haber estado. Ahora que había cumplido la mayoría de edad y los guardas y enfermeros estaban disfrutando del pavo de acción de gracias, vi entonces la oportunidad perfecta para escaparme de allí y volver a Heritage Ville, mi casa, "mi hogar dulce hogar".



Desde que era niña lo sabía, siempre me habían echado la culpa de cualquier suceso extraño que ocurriese en la mansión o los alrededores al no tener otros niños cerca con quien poder relacionarme pensaban que era yo quién maquinaba todo aquello con el fin de buscar un ápice de atención adulta o una mínima caricia o gesto de ternura, cual mendigo en pleno invierno pidiendo algo caliente que llevarse a la boca. Era yo quién hacía que desapareciesen todo tipo de objetos en la casa, de poner animales muertos en la comida cuando Gretel, la cocinera se iba a servir la mesa o a realizar otros quehaceres, de querer asesinar a la fiel niñera Mirtha y a los demás trabajadores de la mansión. ¡Incluso me creían culpable de intentar asesinar a mis padres! Yo, que los quería con locura y nunca les haría el más mínimo rasguño. Todo eran mentiras sin fundamento creadas por adultos que nunca escuchaban a los más pequeños. Conforme me adentraba en los áridos terrenos de la mansión, había un parque en lo que parecía un jardín, ahora abandonado, sin vida ni colores, exactamente como cuando perdemos esa etapa de la niñez a la adolescencia y cruda realidad. Fue entonces cuando vinieron miles de recuerdos a mi cabeza, pero ninguno de ellos era como las atrocidades de las que se me acusaban que había hecho. Recordaba como de niña jugaba en el jardín trasero con Mirtha en este mismo parque que antaño lucía sus mejores galas, oía el chasquido de una rama al posarse un pájaro sobre ella para llevarle alimento a sus crías, una hoja crujiente bajo mis viejos zapatos de domingo, el olor a tarta de limón que siempre preparaba Gretel cuando llegábamos del pueblo… Ahora todo se había esfumado, como el vaho que se amolda a los cristales de las ventanas cuando las abres. El jardín estaba completamente desolado y descuidado y el único olor que podía sentir era nauseabundo, agua estancada de la fuente principal, olores de animales muertos, el propio oxígeno era asqueroso en aquel lugar tan diferente a como lo recordaba. Regresé a la puerta principal, a duras penas logré abrir la puerta pues la cerradura estaba corroída por el óxido de estos años atrás y asustándome salieron como alma que lleva al demonio montones de murciélagos, típico de cualquier película de terror que se precie. Nada más poner un pie dentro de la mansión, un flashback vino a mí...










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